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¡FELIZ AÑO NUEVO 2018! / Por monseñor Martín Dávila Gándara

A o nuevo 2018

Mensaje de Año Nuevo de Mons. Martín Dávila Gándara a sus feligreses y lectores.

DOMINGO 31 DE DICIEMBRE DE 2017
11:43

Que la gracia y la paz de parte de Dios Nuestro Señor, o sea de la Santísima Trinidad, Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo sea con ustedes, queridos hermanos en este año que termina y el Año Nuevo que comienza.

Deseo de todo corazón una bendición de Dios para todos ustedes y sus familias.

En este Año Nuevo, consideremos y miremos al Señor en lo alto de los cielos derramando gracias y beneficios sobre nosotros, como el sol derrama su luz y las nubes la lluvia, y pidamos ser agradecidos a sus infinitos favores para con Él.

Ahora hagamos una serie de consideraciones y reflexiones de fin y principio de año con la clara intención de hacer mover a nuestros corazones a la gratitud por los beneficios divinos.

Hemos llegado al fin de este año 2017; ¿será acaso también el fin de nuestras infidelidades y de nuestras ingratitudes? ¿Cómo hemos vivido? ¿ se podrá decir que hayamos dado un día de este año enteramente a Dios? Pues, debemos saber que, todo lo que no hayamos hecho por Dios es totalmente perdido.

¡Cuántos medios de salvación nos ha concedido Dios en este año! ¡Cuántos gracias e inspiraciones! Por lo tanto. Debemos reflexionar y hacer un riguroso examen de cómo hemos correspondido a ellas, y veremos, cuántas gracias hemos menospreciado, y cuánto tiempo hemos perdido también.

Pero, ¿Cómo remediaremos estas pérdidas? Sólo lo podremos lograr renovando nuestro fervor. Tomemos como ejemplo al caminante que se distrae, conociendo que le falta todavía mucho que andar y le queda muy poco tiempo de luz, y éste procura con mayor diligencia ganar lo perdido.

¿Por qué no seguir la advertencia del Salvador que nos exhorta a caminar mientras tenemos luz, no sea que la noche, esto es, la muerte, nos sorprenda? Esta, tal vez, puede estar más cerca de lo pensado.

¿Quién nos asegura que no será este el último año de nuestra vida? ¡Cuántos empezaron con menos años y mas salud que nosotros el año nuevo, y no verán su fin! Si se nos dijera de parte de Dios que hemos de morir este año, ¿Cómo lo pasaríamos?

¡Qué fervor tendríamos en emplear bien los momentos, en evitar las ocasiones de pecar, en corresponder fielmente a todas las gracias, en cumplir todas nuestras obligaciones y en trabajar para adquirir las virtudes que nos faltan!

Pues ¿por qué no hacer ahora lo que quisiéramos haber hecho entonces? Sólo el fervor que tuviéremos ahora puede prevenir el remordimiento que nos atormentara en la hora de la muerte, si no aprovechamos el tiempo mejor que hasta aquí lo hemos hecho.

No nos puede faltar fervor si pensamos que tenemos un Dios a quien agradar un alma que salvar, terribles enemigos con quien pelear, un juicio que temer, un infierno que evitar y un paraíso que adquirir.

Por lo mismo, debemos de considerar que tenemos un Dios a quien amar y servir. Dios Nuestro Señor nos ha dado mucho; y sin embargo nos pide poco, y aún así. esperamos lo infinito de Él; ¿podremos dejar de hacer algo de lo que sabemos que le agrada? Ya que tenemos un alma que salvar. La salvación de nuestra alma es nuestro único negocio; ¿qué es lo que debiéramos hacer para salvarnos?

Ya que tenemos enemigos terribles y vigilantes con quienes pelear. Pues ¿de qué procede que ellos sean tan solícitos para que nos condenemos, y nosotros tan perezosos o negligentes para salvarnos? Tenemos un juicio que temer; está ya cerca, será rigoroso y terrible, y sus consecuencias duran toda la eternidad; acaso ¿podemos excedernos en preocupaciones para prevenirle?

Tenemos un infierno que evitar; cualquier trabajo, por grande que sea, nos debe parecer leve si nos libra de tan tremenda desgracia.

Tenemos un paraíso que ganar; los mayores trabajos nos deben parecer dulces cuando una bienaventuranza es el término y el premio de ellos. Vivamos desde hoy como si el año que vas a entrar fuera para nosotros el último de nuestra vida y el umbral de la eternidad.

Por lo mismo. Concluyamos esta reflexión, con la siguiente oración: ¡Oh Señor y Dios nuestro! ¿Cómo es posible que no te hayamos amado como deberíamos hasta ahora, y que no hayamos correspondido a tus infinitos beneficios sino con extrema ingratitud? ¡Queremos, pues, desde ahora comenzar a amarte, Nuestro Señor y Dios, fortaleza y vida nuestra!

Te amaremos, Señor porque eres infinitamente bueno, y porque nos has amado desde toda la eternidad, y nos has colmado de innumerables beneficios, y porque nuestra felicidad depende de tu amor. Por lo mismo, te amaremos con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con todas nuestras fuerzas.

Prometamos al Señor, resolvernos desde ahora, a reparar con nuevo fervor el tiempo perdido por nuestras negligencias, y miraremos el año nuevo como el último de nuestra vida.

Por último espero, que este año nuevo que va a comenzar, huyamos siempre de la ingratitud para con Dios, y no seamos duros de corazón para con El, ya que la ingratitud es el viento que seca la fuente de la bondad divina.

Veamos la mano de Dios en todo, en el aire, en la luz, en el alimento; que todo es favor de Dios, y todo debe de llevarnos a bendecir al Señor, y así aumentará El sus favores cuando nosotros aumentemos nuestro agradecimiento.

Les deseo, pues, un ¡Feliz Año 2018! y a la vez con cariño les hago llegar mi bendición Episcopal.

Sinceramente en Cristo

Mons. Martín Dávila Gándara

Obispo en Misiones

Sus Comentarios a obmdavila@yahoo.com.mx

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