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Jesús ruina y salvación para muchos | Por Monseñor Martín Dávila

En el Evangelio del domingo después de Navidad, dijo el anciano Simeón: “Este niño será ocasión para algunos, y salvación para otros”.

Por: Redacción 28 Diciembre 2025 11:55

A esta verdad se refiere la pregunta del Catecismo: Si Jesús murió por la salvación de todos, ¿por qué no todos se salvan? El Catecismo da la respuesta. Conviene que la recordemos, porque en ella se contiene la parte principal de la explicación del Evangelio de este domingo.

Meditemos estos seis puntos, que contienen otras tantas verdades:

1.- Nosotros hemos sido creados por Dios.

2.- Dios creo a todos los hombres para el cielo.

3.- Dios dio a todos los medios para salvarse.

4.- Jesucristo murió en la cruz para salvar a todos los hombres.

5.- Para salvarnos debemos guardar los mandamientos.

6.- Somos libres para escoger entre la práctica del bien o del mal.

Ninguno hace el mal o el bien a la fuerza; sentimos inclinación al mal y encontramos obstáculos para la práctica del bien; pero es cierto que podemos resistir a aquellas inclinaciones y superar estos obstáculos con la gracia de Dios.

De aquí se sigue que, aunque Dios nos ha creado sin nuestro consentimiento e intervención, y nos ha creado a todos para el Paraíso, no quiere, sin embargo, salvarnos sin nuestro consentimiento y nuestra cooperación, es por eso que dice San Agustín: “El que te creo sin ti, no te salvará sin ti”.

Por tanto, dos cosas se requieren para salvarnos: la gracia de Dios y nuestra voluntad. Aquí tenemos la clave para comprender las palabras de Simeón: “Este niño será ocasión de ruina de algunos y de salvación de otros”.

Este divino Niño, para algunos, será ocasión de eterna condenación, y para otros, de eterna salvación. Quiere decir: Él nos da la gracia para salvarnos; quien se aproveche de ella se salvará; quien, por su culpa, no quisiese aprovecharse se condenará.

Y si el aprovecharse o no depende, pues, de los hombres, y estos pueden abusar de su libertad, no hay que admirarse de que, por no aprovecharse, algunos se pierdan.

Supongamos por ejemplo, a un hombre que ha caído en un precipicio y a quien echan una cuerda para sacarlo; de él depende el tomarla y sujetársela al cuerpo si quiere realmente que lo saquen del abismo y lo salven; pero si se niega a tomar la cuerda, si se obstina en permanecer allí, ¿quién puede salvarlo?.

Veamos  a un niño: ha caído, está tirado en el suelo, y se pone a llorar; la madre correa a él, le estira la mano; y él con su mano la aprieta, se agarra de ella y se levanta; si, por el contrario, rechaza la mano materna y grita: No, no, quiero estar aquí. 

¡Ah! Cuando hace estas cosas un niño nos reímos, pero cuando es el hombre el que rechaza la gracia de Dios que quiere levantarlo de su miseria y salvarlo, ¡ah!, entonces decimos que es un ingrato y merece castigo. Así, pues, la gracia nunca falta; pero no puede salvarnos si por parte nuestra no la secundamos con nuestra cooperación.

Por último concluyamos: ninguno de los réprobos podrá decir que se ha condenado por culpa de Jesucristo: todos tendrán que confesar que, si se condenaron, fue porque no quisieron aprovecharse de los medios que Jesucristo les ofreció  para salvarse. He aquí por qué, a pesar de haber Cristo muerto por todos, no todos se salvan, como lo pronosticó el santo anciano Simeón cuando dijo: “Este niño será ocasión de ruina para muchos”. 

Sinceramente en Cristo 

Mons. Martín Dávila Gándara

Obispo en Misiones

Sus comentarios a obmdavila@yahoo.com.mx

 


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