Hermanos y rivales: Jair y Erick Portillo buscan llegar a LA 2028

Desde niños encontraron en cualquier actividad una oportunidad para competir. Una carrera en bicicleta, unos patines o cualquier reto cotidiano bastaban para saber quién podía hacerlo mejor. Años después, esa rivalidad llevó a Jair y Erick Portillo a compartir una misma meta: llegar juntos a unos Juegos Olímpicos.

Por: Redacción 04 Octubre 2026 13:42

Los hermanos chihuahuenses practican salto de altura y forman parte de Meta Olímpica CUU, programa impulsado por el Gobierno Municipal de Chihuahua para acompañar a atletas de alto rendimiento con aspiraciones rumbo a Los Ángeles 2028.

Su historia deportiva está marcada por una dinámica poco común: son compañeros de entrenamiento, confidentes y, al mismo tiempo, rivales. Se conocen lo suficiente para detectar las fortalezas y errores del otro, por lo que durante una competencia pueden convertirse incluso en una especie de entrenador improvisado.

Pero cuando la varilla está arriba y está en juego una marca, una medalla o una clasificación, la relación cambia. Cada uno busca su propio resultado, aunque eso implique competir directamente contra su hermano.

Así ocurrió en el Nacional de 2024, donde ambos disputaban marcas y posiciones importantes para sus aspiraciones internacionales. El apoyo permanecía, pero también la necesidad de superar al otro. La competencia familiar se convirtió en una motivación adicional para elevar el nivel.

Fuera de la pista, sin embargo, vuelve la complicidad. Si uno consigue superar primero una altura, puede regresar para provocar al otro; si detecta un error técnico, también existe la confianza para señalarlo. Entre bromas y consejos, ambos han encontrado una manera de convertir la rivalidad en una herramienta para mejorar.

En agosto pasado tuvieron uno de sus momentos más significativos al compartir el podio en los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Después de terminar su participación, Erick permaneció atento a los saltos de Jair y lo alentó desde fuera de la competencia, una escena que resume la relación entre ambos: pueden enfrentarse por una medalla, pero cuando termina el intento, vuelve a aparecer el hermano.

Para Erick, el escenario olímpico no es desconocido. En París 2024 tuvo la oportunidad de ingresar a un estadio olímpico y vivir de cerca la magnitud de una justa que ahora espera volver a disputar. Esta vez, el sueño tiene un componente diferente: hacerlo junto a Jair y compartir ese momento con su familia.

Jair también tiene presente esa imagen. Un estadio lleno, la bandera de México y ambos hermanos representando al país en la misma competencia son parte del objetivo que mantienen rumbo a 2028.

El camino, sin embargo, exige mucho más que una buena marca. Viajes constantes, concentraciones, entrenamientos durante prácticamente todo el año y la distancia de familiares y amigos forman parte del costo de competir al máximo nivel.

En ese proceso, los hermanos Portillo avanzan con dos respaldos que se complementan: el familiar y el institucional. Uno los acompaña fuera de la pista y el otro les permite mantener el proyecto deportivo; dentro de ella, en cambio, Jair y Erick saben que también tienen al rival más cercano y conocido.

La meta es la misma para ambos: llegar a Los Ángeles 2028. Y si consiguen hacerlo juntos, la competencia que comenzó desde niños podría terminar compartiendo el escenario más importante de sus carreras.


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