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Así fue trabajar en la embajada de México en EE.UU.: Ramón Flores🎦

Durante una charla en el Hotel Mirador, Juan Ramón Flores, exjefe de la oficina del embajador de México en EE. UU., compartió sus experiencias diplomáticas y personales en Washington.

Por: Redacción 11 Julio 2026 10:55

El maestro Juan Ramón Flores, exjefe de la oficina del embajador de México en EE. UU., tuvó una charla realizada en el Hotel Mirador, ubicado sobre la Avenida Universidad, donde contó sus experiencias de estar trabajando en Estados Unidos. El exfuncionario ofreció una perspectiva cruda y realista sobre los mitos de la migración, la descomposición social en Washington y el verdadero estado de la política exterior entre ambas naciones.

¿Cómo califica el proceso de deportaciones en Estados Unidos y qué diferencia nota entre los gobiernos demócratas y republicanos? Los americanos hacen mucho escándalo de cada deportación; el gobierno de Trump las ha hecho muy visibles para que su público piense que lo están haciendo bien, pero la mayor parte de las expulsiones migratorias no han sido en su gestión. Hubo muchas más en el gobierno de Biden y de Obama más todavía. A mí me tocó atender más expulsiones durante el periodo de Biden que con Trump, solo que ahora son más escandalosos y lo venden mejor a su público. Al contrario de lo que dice la prensa, las deportaciones son muy cuidadas: cada vez que un connacional es detenido se avisa inmediatamente al consulado para evitar responsabilidades administrativas de las autoridades norteamericanas, y si la detención es estrictamente migratoria y sin delitos, el proceso es relativamente sencillo y amable dentro del marco de la ley.

¿Qué nos puede compartir respecto a las amenazas de aranceles de Donald Trump y la influencia de la política en los tribunales estadounidenses? En relación a la política proteccionista, nos amenazaron con ponernos aranceles, pero no los pusieron nunca. En aquella ocasión en la que Trump salió con unos cartelones mostrando porcentajes para un montón de países, nosotros no estábamos porque la Suprema Corte estadounidense los echó para atrás; una corte republicana, por cierto. Es lo que les digo: que no nos asuste Trump, ni la corte republicana, ni una mayoría en el Congreso de ningún partido; lo que debe asustarnos es que no le entendamos a la política de allá.

¿Por qué es tan difícil avanzar con Estados Unidos en las negociaciones para frenar el tráfico de armas hacia México? En algunas reuniones se hablaba de temas de armas y les decíamos que, si querían disminuir el trasiego de droga, nos ayudaran con el trasiego de armas hacia acá, pero ellos no lo logran comprender del todo. En su Constitución, el derecho a poseer armas se entiende colectivamente como un tema de protección familiar e individual y de defensa del exterior, porque así fundaron su país. Además, Estados Unidos es el principal productor de armas y vive de sus guerras porque las vende; el comercio de armas es un gran negocio para ellos, por lo que es muy difícil lograr un cambio si no comprendemos primero esa idiosincrasia.

¿Cómo evalúan en Washington la reforma judicial mexicana y qué asuntos comerciales generan una verdadera preocupación? La reforma judicial es un tema que no está en la mesa de los norteamericanos, excepto en lo que respecta a la certeza jurídica de los negocios. A ellos no les asusta la elección directa de jueces porque allá eligen mediante el voto hasta a los jefes de policía y fiscales. Lo que sí es un tema muy espinoso es el caso de los materiales de Vulcan en Quintana Roo; se buscó un preacuerdo de indemnización autorizado por el expresidente López Obrador, pero las condiciones de salida se atoraron. Actualmente hay alrededor de 30 legisladores planteando medidas para prohibir el anclaje en puertos norteamericanos de barcos que toquen Cancún; afortunadamente no se ha tomado, porque de lo contrario se acabaría la industria de los cruceros por la falta de certeza jurídica.

¿Cómo valora el estado actual de la política exterior de México y cuáles son los nuevos retos en materia de migración? A mi juicio, la política exterior mexicana ha sido bastante exitosa frente a los conflictos globales, pero en materia migratoria sigue siendo insuficiente. Con la llegada de Roberto Velasco las cosas van a mejorar porque él le entiende perfectamente a la relación con EE. UU., pero el reto es que México dejó de ser un país de tránsito para convertirse en un país de destino. Ahora tenemos decenas de miles de inmigrantes indocumentados de Etiopía, Sudán y Turquía que no hablan español ni inglés, y algunos con culturas polígamas difíciles de asimilar jurídicamente. Como sociedad debemos plantearnos qué hacer: o los absorbemos de una manera clara, lo cual implica mucho dinero, o los regresamos a sus países de origen cuidando que sus vidas no peligren.

¿Existe una verdadera cercanía política y personal entre el expresidente de México, Andrés Manuel López Obrador, y Donald Trump? Hay un hito en la relación personal entre ambos, además de la coincidencia de ser disruptivos ante el mundo. Ninguno de los dos está a favor del sector financiero de la economía, ambos apoyan el sector productivo y los dos sintieron en su momento la persecución del establishment y lo que percibieron como fraudes electorales. Recordemos que en el año 2020, el último país en felicitar al gobierno de Biden fue el de Andrés Manuel, y eso a Trump no se le olvida. Trump y Andrés Manuel son amigos porque se entienden; esa cercanía rompe las clasificaciones tradicionales de izquierdas y derechas, las cuales ya fueron rebasadas en la complejidad del mundo actual.

¿Cómo fue su experiencia de vida a nivel personal y social al residir en la capital estadounidense? Cada día que vivía en Estados Unidos me acordaba más de México, porque me daba cuenta de que en México se vive mucho mejor que allá; a veces endiosamos las cosas de allá, pero el tejido social de México y el no vivir bajo el racismo constante son grandes ventajas. En Washington las diferencias raciales y religiosas son severas; a mí me agredieron cuatro veces en la calle en cuatro años por mi color de piel, tres veces afroamericanos y una vez un güero. Es una sociedad muy descompuesta por la desigualdad económica y un consumo de drogas brutal; a un mes de llegar, nos tocó ver a dos chicos inyectándose droga en los escalones de nuestro departamento, y el olor a marihuana en las calles es generalizado y constante.


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