Poderes de Gente Común | Por Víctor Anchondo Santos
Después de años de luchar contra supervillanos y cansado de portar un traje ajustado, Bob decidió colgar la capa para buscar una vida tranquila. El señor Increíble se estableció en la soleada ciudad de Chihuahua, donde constituyó su propia empresa dedicada al desarrollo y venta de proyectos inmobiliarios. Entre escrituras, firmas de compraventa, trámites burocráticos y la crianza de sus hijos, descubrió rápidamente que la vida común exigía un esfuerzo titánico.
Por: Redacción 27 Septiembre 2026 10:27
Agobiado al sentir que necesitaba dividirse para estar en varios lugares a la vez, acudió a la oficina de su notaria de cabecera: la licenciada Edna M., quien años atrás había decidido consagrarse al ejercicio notarial diseñando contratos a la medida para sus clientes. Tras escuchar con atención a Bob, Edna acomodó sus gafas redondas y le dijo con su característica efusividad: "¡Basta de dramas! No necesitas superpoderes para multiplicarte; lo que necesitas es un traje legal hecho a la medida para que alguien más te represente!".
El poder y el mandato
Edna le explicó con precisión que el poder es el acto jurídico unilateral por medio del cual una persona confiere facultades a otra para que celebre actos jurídicos por cuenta de la primera. En términos sencillos, es la herramienta legal que nos permite celebrar actos jurídicos a través de un tercero de confianza, sin necesidad de presentarnos personalmente en el lugar y momento del encargo.
Cuando el apoderado acepta la encomienda conferida (ya sea de manera expresa o tácita, mediante la ejecución de los actos), el poder se perfecciona en un contrato de mandato, el cual genera derechos y obligaciones recíprocos entre ambas partes. De este modo, cada trámite o firma de contrato que celebre el mandatario en ejercicio de las facultades conferidas surte plenos efectos jurídicos directamente en el patrimonio del representado, permitiéndole coordinar operaciones foráneas sin tener que estar físicamente en todas partes.
El traje a la medida: las facultades
Edna le advirtió a Bob que no todos los trajes sirven para la misma misión, por lo que las facultades deben definirse con exactitud:
- Generales o especiales: Las primeras se confieren para un número indeterminado de actos de una misma clase; las especiales se otorgan para realizar un acto concreto y determinado.
- General para Pleitos y cobranzas: Diseñado para que el mandatario comparezca ante juzgados, tribunales y dependencias en defensa de los intereses y patrimonio del mandante.
- General para Actos de administración: Permite gestionar y promover inmuebles, celebrar contratos de arrendamiento ordinarios, tramitar licencias de construcción y celebrar todos aquellos actos que conserven el patrimonio sin transmitir la propiedad.
- General para Actos de dominio: Faculta al mandatario para actuar como dueño respecto del patrimonio, permitiéndole enajenar bienes, firmar escrituras definitivas de compraventa o gravar inmuebles con hipotecas.
- Facultades expresas: Son aquellas que la ley exige que se hagan constar de forma indubitable y puntual al momento de otorgarse, tales como facultades para que el mandatario pueda adquirir para sí el bien encomendado, facultades para celebrar actos a título gratuito o la autorización expresa para delegar el mandato en un tercero.
Certeza notarial y uso responsable
Conforme al Código Civil del Estado de Chihuahua, el mandato debe constar en escritura pública o bien ratificarse ante notario cuando se trate de mandatos con facultades generales, de actos para la enajenación de inmuebles o de asuntos que excedan el valor económico establecido por la ley.
Hacia el final de la asesoría, Edna remató con firmeza: "Bob, recuerda que, al igual que los superpoderes, las facultades del mandato conllevan una gran responsabilidad. El mandatario tiene el deber legal de actuar siempre en beneficio del mandante, mantenerte informado sobre los actos realizados y rendirte cuentas claras sobre los negocios gestionados en tu nombre". Asimismo, fue enfática en recordar que el mandato jamás equivale a una compraventa, y que delegar facultades no le despoja a él de su carácter de legítimo dueño.
Con el instrumento firmado, el señor Increíble no cabía de felicidad. Comprendió que no hacía falta ser un superhéroe para actuar en varios lugares al mismo tiempo. Mientras sus representantes formalizaban y cerraban importantes operaciones inmobiliarias a su nombre, él podía estar con el corazón y la mente en donde verdaderamente importaba: partiendo el pastel y celebrando, sin prisas ni llamadas urgentes, el cumpleaños de su hija menor.






