También un presidente honesto puede dañar a México: Basave
El representante del Gobierno de Chihuahua en la Ciudad de México, Agustín Basave publicó artículo en la revista Proceso donde calificó a Andrés Manuel como idealista y maquiavélico.
Por: Redacción 06 Abril 2019 20:15
El artículo que publicó Agustín Basave en la revista Proceso tiene por título “Descifrando a AMLO, el político” y en él habla de su forma de gobernar mediante una postura autoritaria e idealista donde se critica a los “conservadores”.
Aquí parte de su publicación:
El mundo de la política es habitado por una legión de fulleros y un puñado de soñadores. Pero esta minoría no puede darse el lujo de mantener sus sueños a salvo del pragmatismo porque sin sagacidad y sin afán de mando jamás podría hacerlos realidad ¿Qué distingue entonces a unos de otros? Que mientras unos persiguen prioritaria e inescrupulosamente su propio beneficio otros procuran el platónico bien común. Pero le pongan o no bridas a su astucia, todos aquellos que llegan a gobernar han de hacer gala de ella, so de pena de incumplir sus anhelos y anular sus designios.
Andrés Manuel López Obrador es además de idealista, maquiavélico. Si no fuera un habilidoso hombre de poder no se habría embarcado exitosamente en una tercera candidatura presidencial. Yo prefiero al AMLO que contendió en 2006 al que lo hizo en 2018, porque aquel fue más selectivo en sus alianzas, porque estoy cierto de que con la misma selectividad habría ganado el año pasado, cuando el viento social sopló a su favor, y porque pienso que habría sido un mejor presidente sin el encono que incubó hace tres años, tras de ser víctima de un sucio proceso electoral pero mi preferencia es irrelevante.
Lo que ningún analista objetivo puede soslayar es el hecho de que AMLO es un pícaro jugador de carambola que juega siempre a dos o tres bandas, una en aras de sus principios y las demás a menudo marcadas por interpósitas personas perpetuadoras de su dominio público.
La clave para entender el proyecto alternativo de nación de AMLO es su visión alternativa de la cosa pública. Para él los equilibrios creados por el federalismo, los otros poderes de la Unión y las autonomías tenían sentido cuando el Palacio Nacional era usurpado por tecnócratas, en medio de la corrupción rampante del periodo neoliberal, pero hoy constituyen un estorbo. Más aún, tengo para mí que AMLO no cree estar reeditando las artimañas que en el siglo pasado construyeron la hegemonía del PRI porque en el fondo concibe a Morena como un partido, sino como un entero, a la usanza.
Cuando el idealismo se hace gobierno y se mide en términos de redención los ardides truecan en deberes. Y cuando mucho de los diques contra una presidencia caudalosa son cotos de corrupción, la misión hace encarnar al autoritarismo.
Todos los lideres desea obediencia, pero solo los autoritarios parten maniqueamente las aguas, estigmatizan al disidente y arrojan al opositor a la hoguera de las redes sociales (por eso en las conferencias mañaneras el Poder Ejecutivo se erige también en Judicial, AMLO, prefiere sentenciar a los “conservadores” ahí y no seguir el cauce legal que desemboca en los juzgados).
No es tanto que el poder excesivo corrompa doy por bueno que AMLO es incorruptible cuanto que en ausencia de limites democráticos el desacierto del del poderoso que libra una justa épica puede causar males épicos. Y es que la ambición de AMLO no es vulgar pero si enorme.
Concluyo con el factor temperamental: al idealista y pragmático hay que sumar al luchador. AMLO se forjó en la lucha social, y son el choque y la polarización los que lo llevaron a donde está, no el diálogo ni la conciliación. Aunque su razón le exija prudencia ante su nueva circunstancia, su pasión le dicta la actitud que lo encumbró.





