Columna: El primero de los elefantes

El 29 de diciembre pasará a ser uno de los días más tristes de la historia de Brasil. Estará ahí arriba en la lista de tragedias junto con la prematura muerte de Ayrton Senna. Edson Arantes Do Nascimente apagó su luz y dejó un legado innegable con su partida: 1,283 goles, tres Copas del Mundo, dos Libertadores y seis títulos de liga. De ese legado hablan todos, desde la Patagonia hasta Pakistán. Nadie habla sin embargo, del otro legado de O Rei. Ese que lo vio vestirse de Cristobal Colón para conquistar tierras que no eran las suyas.

Por: Pedro Dorante A 31 Diciembre 2022 12:45

Era el año de 1975 y Pelé había hecho lo impensable, algo que, al igual que su juego, estaba adelantado para su época. Había firmado un contrato fuera de su país y lejos de las Rayas blanquinegras del Santos con un tal New York Cosmos de la North American Soccer League. 

Debutó de blanco un 15 de junio en un campo de preparatoria contra el Dallas Tornado. Fueron su asistencia y su gol de cabeza los que terminaron por nivelar el marcador 2-2. El brasileño jugó tres años con la escuadra neoyorquina e hizo lo que pocos extranjeros de aquella época. Tocó la pelota en un país que no sabía de futbol (por lo menos del varonil), hizo de las suyas en canchas pintadas para futbol americano de bachillerato y se topó con equipos que hoy en día se han convertido en instituciones y han alcanzado su respectiva cúspide dentro del futbol del Tío Sam. Tal fue caso de los Seattle Sounders y de los Tampa Bay Rowdies. 

No obstante, el legado de Pelé en la Unión Americana va mucho más allá de las canchas curiosas y el juego de campeonato al que llamaron “Soccer Bowl”. Habiéndose retirado a los 36 años, Pelé fue el primero de los “elefantes” que caminaban hacia el retiro en Estados Unidos. 

Se le calificó como “Rey”, como “El mejor de todos los tiempos” y como “genio” pero nunca como el pionero en el arte de jugar al soccer. 

A Pelé no le molestaba el nombre de soccer, el juego tampoco, por más carente y rudimentario que este fuera.  Que va, Pelé vio lo que muchos no quisieron ver y hasta la fecha se niegan a creer: el potencial para crear una de las ligas más rentables y más competitivas del mundo. Él fue la primera marca, el primer “franchise player” y de no haber sido por su presencia en suelo americano nunca hubiesen llegado del otro lado del mundo los Rafa Márquez, los Thierry Henry, los Ibrahimovic, los David Beckhams ni los Didier Drogba. Pisó tierra firme para todos los demás y después dejó marcadas las huellas para saber por donde pasar. 

El asunto no acaba ahí. Durante la última década, lo que hoy conocemos como MLS ha pasado por una metamorfosis radical en donde ahora hay 29 equipos en vez de 15 y casi todos con estadio propio; hecho para el futbol y no otra cosa. El segundo paso nunca pudo darse sin el primero y el Rey también tiene culpa de que lo que antes era cementerio de elefantes, ahora es tierra fértil para el talento que quiere ser Campeón del Mundo, así, como él. Igual que él.

La memoria colectiva tiene mucho que agradecerle al último de los cuatro grandes originales. Después de todo fue esta la que lo convirtió en un mito caminante que era el mejor de todos y no hizo más que confirmarlo cuando el internet y la globalización nos comprobaron sus habilidades con la pelota por medio de vídeos. 

Más tiene que agradecerle un país cuatro veces Campeón del Mundo en el futbol femenil, ese mismo que quiere superar a todos para 2026 en la rama varonil. Están eternamente endeudados con un hombre que, casi como por accidente, impulsó una liga que hoy por hoy deja tirado en el piso y haciendo berrinches al futbol mexicano en cuanto a infraestructura, formación de jugadores y economía se refiere. Gracias al primero de los elefantes. 

El rey ha muerto… Larga vida al rey.









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