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La Guerra y su repercusión económica

* Mundo marcado por dos guerras

* Inflación sube por energía y alimentos

* Presiona finanzas de los gobiernos y monedas

* Frena inversiones

Por: Redacción 21 Marzo 2026 07:14

Por Fernando Lechuga Díaz

"La guerra es simplemente la continuación de la política por otros medios". Carl Von Clausewitz, teórico militar.

Para asegurar la paz hay que prepararse para la guerra. “Si vis pacem, para bellum”. Sin embargo, esta frase actualmente queda solo en una propuesta, ya que al inicio de este año de 2026 el mundo se encuentra marcado por dos conflictos bélicos: la guerra en Ucrania y la guerra en Irán. Además del recuento de pérdidas humanas, también resulta prudente evaluar los efectos económicos que ambos enfrentamientos generan. Estos conflictos impactan directamente a las naciones involucradas y, al mismo tiempo, también impacta en países en las regiones vinculadas estratégicamente a ellas. En un mundo completamente interconectado las repercusiones de la guerra se tornan omnipresentes de manera inevitable. 

En principio, las guerras obligan a los gobiernos a movilizar todos sus recursos bajo una presión extrema, derivando inevitablemente en problemas económicos. Los recursos se vuelven estratégicos, los efectos son desestabilizadores inclusive a todos los socios comerciales, la guerra crea incertidumbre, desincentiva las inversiones y destruye los bienes de capital. Las profundas consecuencias económicas, reconfiguran entre otras cosas, indicadores como: la producción y la balanza comercial, la inflación y la deuda. Los analistas opinan que los conflictos bélicos debilitan la capacidad económica del Estado, socavan las bases fiscales, erosionan la estabilidad monetaria y desencadenan crisis externas entre todas las naciones involucradas.

La guerra involucra siempre sacrificios, en cuestión económica la pérdida de los medios de producción es una de las repercusiones más importantes. Durante los enfrentamientos existe la destrucción de los medios de capital, por la incertidumbre las inversiones colapsan, en otras palabras, la oferta agregada se ve seriamente disminuida. Por otro lado, mientras los medios productivos disminuyen, la demanda y el consumo suelen permanecer constantes; en el corto plazo esta disparidad en los mercados desestabiliza las balanzas comerciales. Para recuperar el equilibrio en los mercados se necesitan las importaciones para satisfacer el consumo mientras que los gobiernos mantienen la presión del gasto corriente adicionando con el gasto en activos militares. En una economía globalizada, la escasez resultante se transmite a socios comerciales y regiones vinculadas al conflicto, generando presión en los precios o en los tipos de cambio. Las repercusiones de este efecto pueden durar hasta una década, y con magros signos de recuperación en años consecuentes.

Al deteriorarse los medios de producción trae como consecuencia la inflación, la escasez de los productos los vuelve más caros. El ejemplo más claro sucede con los energéticos, el bien productivo más codiciado en las regiones en conflicto. En la guerra de Estados Unidos con Irán, un cierre total o parcial del estrecho Ormuz, área marítima por donde transita casi el 25% del crudo y gas natural del mundo, dispararía los precios a niveles no vistos en décadas. En el conflicto de Rusia con Ucrania (el principal productor de fertilizantes en el mundo) disparó considerablemente los costos de la producción agrícola en el mundo. Las piezas del dominó no han terminado de caer en cuestión inflacionaria.

La fuga de capitales durante un conflicto reduce la capacidad de inversión y el financiamiento. Parte de dicha redistribución de recursos la realizan los inversionistas para proteger sus ahorros, la gente busca activos de valor como el oro y lo lleva a naciones con monedas estables como el dólar norteamericano. Las inversiones se frenan como parte de la incertidumbre, y la misma inseguridad hace los financiamientos más escasos y por ende más caros. El realojamiento de capitales usualmente complica tanto el financiamiento privado como el de los Estados, y su impacto es inmediato y persistiendo incluso durante los periodos de reconstrucción post guerra. 

Los gobiernos pueden financiar la guerra de varias maneras. Las fuentes nacionales de financiación pueden incluir el endeudamiento (como bonos de guerra), la tributación (mediante nuevos impuestos de guerra o el aumento de tipos para impuestos preexistentes) o la impresión de dinero que también genera una inminente presión inflacionaria.

Durante un conflicto bélico, los ingresos del Estado se contraen bruscamente: estudios demuestran que los ingresos reales del gobierno disminuyen aproximadamente un 14.5%; reflejando tanto la caída de la producción como la disminución de la capacidad fiscal de las economías. Con un gasto estable y los ingresos en disminución los gobiernos tienen más probabilidades de tener un déficit primario.

Durante un conflicto armado los gobiernos deben de elegir donde alojar sus recursos y evaluar dónde estos tengan el mayor efecto. Llama la atención el impacto limitado de los recortes de gasto. Estudios encuentran poca evidencia de que las expansiones militares se logren financiar mediante recortes en programas sociales u otros gastos del gobierno. Las reducciones en el gasto social en periodos de guerra son la rara excepción, tanto en términos nominales como reales. En periodos de conflicto usualmente los gobiernos mantienen el ritmo del gasto social y adicionalmente se suma el gasto bélico. Todos los estudios demuestran que un boom armamentista se financia predominantemente mediante deuda.

Se pudiera decir que para el Estado el gasto incremental por la militarización modifica la deuda, los impuestos y el gasto social. A corto plazo, los episodios bélicos suelen financiarse mediante endeudamientos, mientras que a largo plazo dejan un legado de mayor carga impositiva y un estado fiscal más amplio. Estos episodios no son simplemente disrupciones fiscales de corta duración, sino momentos que alteran la trayectoria del Estado desde un punto de vista fiscal. 

De analizar los conflictos bélicos se pueden alcanzar tres conclusiones. Primero, el conflicto genera efectos reales grandes y persistentes: el Producto Interno Bruto (PIB) real pudiera caer en porcentajes importantes, en numerosas ocasiones sin recuperación ni siquiera después de una década. En segundo lugar, las finanzas públicas se deterioran a medida que los ingresos se contraen, los gastos se mantienen estables y los gobiernos se inclinan hacia la deuda a corto plazo. Y en tercer lugar, los gobiernos dependen del financiamiento inflacionario (impresión de moneda), erosionando la deuda real y deprimiendo la inversión al aumentar el costo de los bienes de capital importados. 

En la economía globalizada en la que vivimos, el costo de una guerra no se limita a los países directamente involucrados. La interdependencia económica hace que las repercusiones de un conflicto bélico se propaguen rápidamente por el resto del mundo. Prepararse para la guerra no es solo responsabilidad de los países en conflicto, sino de una comunidad interconectada económicamente. En conclusión, las guerras pueden causar un inmenso daño económico, la política monetaria y fiscal debe incorporar resiliencia, y la paz pudiera considerarse como la mejor inversión. 

Artículo elaborado por el C.P y M.I. Fernando Lechuga Díaz, integrante de la Academia Chihuahuense de Estudios Fiscales, A.C., representa su opinión.

 


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