Posverdad
* Herrera y Salas ponen sobre la mesa la clave para lograr la justicia
* Tribunal de disciplina entra con hambre.
Por: Redacción 09 Septiembre 2025 07:42
En clave política, la visita de Marcela Herrera a Ciudad Juárez y su encuentro con el fiscal Carlos Salas no es un simple acto protocolario: es la primera señal de cómo se empieza a tender el puente entre el nuevo Poder Judicial y la Fiscalía en la frontera.
El mensaje es claro: Herrera busca legitimidad desde el territorio más complejo, donde se concentra la violencia y los retos más fuertes de la impartición de justicia. Y Salas, curtido en una zona donde la carpeta de homicidios nunca está vacía, sabe que el músculo institucional se fortalece no con discursos, sino con capacitación y coordinación real.
El trasfondo político no se puede ignorar. Ciudad Juárez será la caja de resonancia para probar si la reforma judicial, con magistrados electos por voto popular, es capaz de responder a la exigencia ciudadana de justicia expedita. Lo que Herrera construya aquí, en coordinación con Salas, marcará la diferencia entre un arranque sólido o una gestión bajo sospecha.
No es casualidad que Juárez haya sido el destino de su primera gira como presidenta del Tribunal. Es, al mismo tiempo, un gesto simbólico y un reto institucional: si logra articular el trabajo con la Fiscalía, podrá proyectar un liderazgo que trascienda el cambio de nombres en los tribunales.
En resumen, más que cortesías, el encuentro Herrera-Salas abre un nuevo capítulo político-institucional: el de poner a prueba, en la frontera, si el discurso de transformación del Poder Judicial se traduce en justicia real.
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El estreno del Tribunal de Disciplina Judicial en Chihuahua no es un trámite menor: es la puesta en escena del nuevo árbitro que vigilará a jueces y magistrados, y que carga ya con el peso político de la expectativa ciudadana.
La instalación del Pleno, encabezada por Francisco Javier Acosta Molina y cuatro magistradas electas en las urnas, representa un quiebre histórico en el Poder Judicial estatal. Por primera vez, quienes sancionarán a la élite llegaron al cargo por voto popular, lo que no solo les da legitimidad democrática, también les coloca bajo la lupa de un electorado exigente.
El discurso de Acosta Molina, al presentar al TDJ como “pilar fundamental de la confianza”, refleja esa urgencia de construir credibilidad. Y no es casualidad: el Consejo de la Judicatura, órgano extinto, terminó desgastado, señalado por opacidad y cercanía con el poder político. Hoy, la ciudadanía espera que este nuevo tribunal no sea otro engranaje burocrático, sino un contrapeso real.
En clave política, el debut del TDJ llega en un momento de reacomodo institucional: con magistrados recién electos, un Órgano de Administración Judicial que sustituye viejas funciones y un Tribunal Superior de Justicia que también busca legitimarse.


